De tal palo tal astilla

El deporte lo certifica, afamados atletas no solo han heredado características genéticas a sus vástagos, sino también el talento y la pasión por una disciplina. Han procurado ayudarlos a no tropezar con los mismos obstáculos con la finalidad de que en un futuro sean una mejor versión de lo que fueron ellos. A continuación, encontrarás algunos ejemplos destacados de este acto de amor.

Vladimir Guerrero y su Jr

 Vladimir Guerrero Jr heredó no solo el nombre sino también el swing de su padre, por lo cual, es considerado el prospecto más grande a la ofensiva de la Major League Baseball (MLB). Motivo de peso que lo llevó a firmar, en 2015, con Los Azulejos de Toronto por la cantidad de $3.9 millones de dólares. Sus cerca de 100 jonrones a nivel AAA no tardaron en abrirle el camino a la Gran Carpa. Con apenas 20 años, debutó el pasado 26 de abril en la victoria 4-2 de Los Blue Jays sobre los Atléticos de Oakland. Conectando su primer imparable, un doblete en la parte baja de la novena entrada, ante la mirada atenta de su orgulloso progenitor, quien el día previo, a través de un video de la cuenta de Twitter de la MLB, le dedicó un emotivo discurso en el que destacaba que no hay mayor satisfacción para un padre que ver a su hijo labrarse su propio destino y aún más la enorme alegría que le provocaba el hecho de compartir la misma pasión por el béisbol.

 

Este amor por el rey de los deportes nació de la vista, al acompañar desde que era un niño a su famoso progenitor a infinidad de partidos de la MLB y de Juego de Estrellas. El día del debut profesional de Guerrero Jr, al llegar al Rogers Centre, casa de Los Blue Jays, portó el jersey “27” de los extintos Expos de Montreal, en un claro homenaje a su padre, quien por siete años fue la máxima figura de dicha plantilla.

Aún es demasiado temprano para señalar si Guerrero Jr, superará a su padre, quien fue un monstruo a la ofensiva, al sumar de por vida 449 home runs y .318 de bateo, que le valieron ser nueve veces All Star, MVP de la Liga Americana en 2004 y miembro del Salón de La Fama.

 





Michael y Mick Schumacher

Solo otro Schumacher puede llenar los zapatos de un Schumacher en Ferrari. Por lo cual, tal vez más pronto de lo que se piensa, veamos a Mick, hijo del heptacampeón alemán, al frente del volante de la escudería del cavallino rampante en la Fórmula Uno. Por lo pronto, Mick, a principios de año firmó un lucrativo contrato para integrarse a la Ferrari Driver Academy (FDA) con el objetivo de potencializar sus habilidades como piloto.

 El hijo de “Schumi” ha empezado a escribir su propia historia, mostrando excepcionales condiciones al volante al ganar apenas el año pasado el campeonato de la Fórmula 3 Europa. Logro que buscará repetir este 2019 con el equipo de Pema de la Fórmula 2, considerada la antesala a la categoría máxima del automovilismo. Es tanta la fe que le tiene la cúpula italiana que le permitieron correr un monoplaza de Fórmula Uno en el circuito de Sakhir durante los dos días de pruebas del Gran Premio de Bahréin. Con lo cual terminó con la sequía de 12 años sin que un Schumacher condujera un Ferrari.

“Mick” siempre ha declarado el profundo amor y respeto que le profesa a su padre, por lo cual sabe que el mejor regalo que le puede obsequiar es cumplir el sueño de ambos de verlo debutar en la Fórmula Uno. Brindando así, una alegría inmensa a una familia que vive entre las sombras tras el trágico accidente que “Schumi” sufrió esquiando el 29 de diciembre de 2013. Quizás, ese día volvamos a ver públicamente al hombre, a la leyenda, que se convirtió en el máximo ganador de carreras en la historia de la Fórmula Uno (91), quien lleva más de cuatro años autoexiliado en su mansión de Gland, Suiza.

 



Patrick y Justin Kluivert

El parecido entre Patrick y Justin Kluivert no solo se limita al físico, sino también al instinto asesino dentro de la portería rival, ya que tanto padre como hijo, en diferentes épocas, han sido de los delanteros más temidos del futbol holandés.

Justin, al igual que su progenitor, debutó enfundado en la playera del Ajax de Ámsterdam, solo que lo hizo con menor edad, al disputar su primer juego como profesional de la Eredivise con apenas 17 años. Rápidamente se ganó la titularidad gracias a su idilio con el gol y a su versatilidad dentro del campo ya que, a diferencia de su papá, puede desempeñarse no solo como centro delantero sino también como extremo, registrando 12 goles y 9 asistencias durante su última temporada con el conjunto de Ámsterdam. Además de pasar a la historia de la familia Kluivert como el primer integrante en anotar un hat-trick en la Eredivisie.  

Justin, convertido en profeta de su propia tierra, se dispuso a proclamarse el nuevo “Ave César tulipán” de la Serie A italiana, al fichar el verano pasado con la Roma, en una transacción que rondó los 18 millones de euros por cinco años. Con el conjunto de “La Loba” su producción goleadora ha dejado qué desear, pero en cambio, se ha convertido en un futbolista más completo, al liderar el departamento de asistencias de su plantilla con seis pases. Seguramente esta mala racha con el gol terminará pronto, pues sin duda recibe consejos para depurar su efectividad frente a la portería de “La propia Pantera Negra”, mote con el cual era conocido su papá, quien aún se jacta de ser el tercer mejor goleador de “La Naranja Mecánica” al sumar 40 dianas en 79 partidos internacionales.

 



John, Joey y Nick Bosa

 Los Manning (Archie, Peyton y Eli) ya no serán la única familia en la que tanto el padre como sus hijos jugaron en la NFL, pues a partir de la próxima temporada compartirán dicho honor con el linaje Bosa. Esta estirpe de destacados linieros defensivos empezó su legado en la NFL con el padre, Joey, quien de 1987 a 1989 jugó con los Delfines de Miami, pero una ruptura del ligamento cruzado en la rodilla acabó con su corta carrera en el emparrillado. Pese a su retiro, supo inculcarle la pasión por el futbol americano a sus vástagos, Joey y Nick, quienes heredaron sus habilidades físicas y fiereza dentro del campo de juego.

 Diecisiete años después del retiro de John de la NFL, su primogénito Joey, proveniente de Ohio State, se enroló con Los Cargadores de San Diego al ser seleccionado con el pick 3 de la primera ronda del Draft de 2016. Pese al par de lesiones que ha sufrido desde su temporada debut, cuando está sano, marca la diferencia en la línea defensiva de Los Chargers al sumar 134 tackleadas y 5 balones sueltos forzados en 35 juegos disputados.

 La dinastía Bosa, en 2019, incrementó su presencia en la NFL con el arribo del miembro menor de la familia, Nick, quien vía draft, con el segundo pick de la primera ronda, fue elegido por Los 49ers de San Francisco. Cabe destacar que el también graduado de Ohio State era considerado el mejor talento disponible de la clase 2019 de todo el draft, por lo cual se espera impacte de inmediato y eleve el nivel de la aún endeble defensa de San Francisco.





Archie, Peyton y Eli Manning

Cuando se menciona el apellido Manning inmediatamente lo ligamos a la dinastía de quarterbacks más importantes de la NFL. El padre, Archie, junto a Drew Brees, es considerado uno de los dos mariscales de campo de mayor impacto en la historia de los Saints. Archie supo heredarle la disciplina, amor y estudio metódico del juego a sus hijos Peyton y Eli, quienes estadísticamente superaron por mucho su legado. Por ejemplo, Peyton, primera selección global por parte de los Potros de Indianápolis en el draft de 1998, se convirtió en el primer mariscal de campo en ganar dos Super Bowls con equipos diferentes (Indianápolis en 2006 y Denver en 2016) además de batir infinidad de récords individuales dentro del que sobresale el de más pases de anotación lanzados en una temporada con 55 envíos (2013). Su liderazgo, precisión de brazo y capacidad de leer las jugadas de la defensiva rival lo llevaron a ser considerado uno de los mejores cinco quarterbacks que han desfilado por la NFL.

 En tanto, Eli Manning, otrora primer pick global del draft de 2004, también posee un par de anillos de Super Bowl tras ganarle a Los Patriotas de Nueva Inglaterra en las ediciones XLII y XLVI. Pese a una carrera de altas y bajas con Los Gigantes, sus números hacen pensar que, tras su retiro, es posible que sea un miembro del Salón de La Fama al sumar de por vida 55,981 yardas por aire, 360 touchdowns y un 60% de pases completos. De ser así, compartiría estadía con su hermano Peyton, quien con toda certeza, en cuanto sea elegible, arrasará con las votaciones para estar en ese ansiado salón.