Finales cardíacas de la Champions

El futbol da vida a quien gana y muerte a quien pierde, pero durante 90 minutos o más de purgatorio, mientras la justa se decide, se encuentran sus aficionados. Por ello recapitulamos las finales más agonizantes del certamen amo y señor del suspenso: la Champions League.

Manchester United vs. Bayer Münich

Marcador final 2-1

6 de mayo de 1999

Estadio Camp Nou, Barcelona, España

 Esta final dejó como enseñanza que hasta el último minuto de un partido tiene 60 segundos, por lo cual nunca se puede dar por ganado un cotejo hasta que el árbitro silbe el pitazo final. Lección tardía aprendida por el conjunto bávaro de Oliver Kahn, Lothar Matthaus y compañía quienes, pese a irse arriba en el marcador con un gol prácticamente de vestidor, tras el tanto de Mario Basler al minuto 5, se les esfumó el campeonato en la prórroga del partido.

 Al minuto 91, el Bayer Münich se veía brindando con cerveza, como buenos alemanes, la obtención de su cuarta “Orejona”, pero Teddy Sheringham los regresó de bruces a la realidad al marcar el gol del empate, tras una serie de rebotes en el área chica. Los Red Devils de David Beckham y Peter Schmeichel embistieron con más fuerza el ataque en la búsqueda del triunfo. Mismo que llegó al 93, en el último minuto de la parte reglamentaria, tras un tiro de esquina cobrado por el propio Beckham, que alcanzó a conectar el noruego Ole Gunnar Solksjaer para mandar la esférica al fondo de la meta bávara, colocando el 2-1 final. Enseguida, la mayoría de los futbolistas del conjunto teutón cayeron como naipes sobre el césped del Camp Nou.

 ¡Caras vemos, intenciones no sabemos! Y es que Solksjaer “Cara de niño”, con su apariencia infantil, se volvió el verdugo del Bayer Münich, impidiendo que Lothar Matthaus ganara su primera Champions League, único título faltante en su exitosa carrera. Asimismo, su tanto permitió que el Manchester United rompiera 31 años de sequía sin ser los máximos campeones de Europa.

 

Real Madrid vs. Bayer Leverkusen

Marcador final 2- 1

15 de mayo de 2002

Estadio Hampden Park, Glasgow, Escocia

 En tierra de celtas, un galo conquistó para el Real Madrid, por novena vez, el imperio de Europa; pero como toda batalla, no estuvo exenta de bajas, héroes y feroces rivales. Un histórico goleador, como Raúl, se convirtió en el primer caudillo de la causa merengue al marcar el 1-0 apenas a ocho minutos de iniciado el cotejo. Pero la respuesta del conjunto de la "aspirina” llegó al 13 con un testarazo del brasileño, Lucio, para emparejar el marcador a una diana por bando. El defensa central carioca en ese momento se volvió enemigo íntimo de todo Madrid, pero a su vez, “káiser” de la ciudad de Leverkusen; los polos opuestos del futbol.

Posteriormente, el partido se enlodó por carecer de espectáculo, al neutralizarse ambas plantillas con una fuerte contienda en media cancha por el dominio del balón. Pero al 45, el hechizo del tedio se rompió con la magia de “Zizou” al marcar un poema de gol, con una volea que dejó atónito a todo el mundo e hizo rendirse a sus pies a todos los presentes en Hampden Park. De hecho, este gol es considerado por la FIFA el mejor de toda la historia de las Champions.

 

Liverpool vs. Milán

Marcador final 3-3, 3-2 en penales

25 de mayo de 2005

Estadio Atatürk, Turquía

 Para que un milagro suceda necesita de una enorme fe en torno al creyente. Y si algo caracteriza a la hinchada del Liverpool es el fervor con el que alienta tanto en los buenos, y especialmente en los malos momentos a su equipo. Esta metafísica entre plantilla y afición llevó al conjunto porteño de Inglaterra a realizar el “Milagro de Estambul” al remontar una losa de 3-0 al término del primer tiempo frente al Milán, y así, en la segunda mitad, en un estado de gracia, emparejar el marcador 3-3.

 Dos tiempos extras fueron insuficientes para decretar a un ganador, con lo cual todo se tuvo que definir desde la ruta de los once pasos: la tanda de penales que algunos llaman suerte y otros arte. Vida para quien acierta y muerte para quien yerra, y entre ellos, el purgatorio que resulta para todo jugador recorrer la ruta desde la media luna hasta el manchón penal antes de ejecutar su tiro. Durante este trayecto la hinchada del Liverpool presente en el estadio arengó a sus valientes cobradores con la primera estrofa de su himno "You 'll never walk alone": “Cuando camines a través de una tormenta, mantén la cabeza alta y no temas por la oscuridad, que al final de la tormenta encontrarás la luz del sol”.

Esta oda a la fraternidad surtió un efecto positivo en los jugadores de “Los Reds”, ya que solo uno de sus cinco cobradores falló su penalti. Resultado opuesto en la plantilla rossonera, que desde la remontada ya se encontraba en muerte cerebral y “la lotería o ciencia de los penaltis” fue la vía para que fuera desconectado, al malograr tres de sus cinco cobros.

 

Tan pronto Jersy Dudek atajó el tiro de Andriy Shevchenko, decretando la obtención de la quinta Champions League del Liverpool, su fanaticada, inducida por la cebada de la cerveza y los ríos de lágrimas que recorrían sus rostros, cantaron a decibeles mayores, creyendo con más fuerza que nunca cada palabra del coro de su himno “Walk on through the wind,walk on through the rain,though your dreams be tossed and blown.Walk on, walk on with hope in your heart, and you’ll never walk alone”. Y, en efecto, esa mágica tarde el Liverpool no caminó solo, demostrando que los milagros no emanan de la razón, sino de la fuerza del corazón.

 

Chelsea vs. Bayer Münich

Marcador final 1-1, 4-3 en penales

19 de mayo de 2012

Allianz Arena, Münich, Alemania

 Dos equipos, que en años anteriores habían perdido una final de Champions League frente al Manchester United, se disputaron la 57ª entrega de “la Orejona”, buscando redimirse en el césped de la Allianz Arena, hogar del Bayer Münich.

Pero “Los Blues”, dirigidos por Roberto Di Matteo, nulificaron cualquier ventaja que pudiera tener el conjunto bávaro, quedando en igualdad de circunstancias. Eso generó un duelo trabado en media cancha debido a la calidad de jugadores que ocupaban esa zona por ambas oncenas; por el Chelsea: Frank Lampard, Salomon Kalou; a su vez, Arjen Robben y Frank Ribéry eras los bastiones de la distribución del balón para los germánicos.

Fue hasta los últimos diez minutos de la parte reglamentaria que el gran invitado de toda velada futbolística apareció: ¡el gol! Primero en los botines de Thomas Müller, al 82, para inaugurar el marcador 1-0, pero tan solo seis minutos le bastaron al Chelsea para empatar el partido, gracias a un testarazo de un depredador del área chica como Didier Drogba, mandando el partido al alargue sin éxito alguno.

En la primera tanda de penaltis, tras el fallo de Juan Mata, los fantasmas del pasado rondaron por las butacas de la Allianz Arena. Todos recordaron la ocasión en que, por esta misma situación, perdieron la final de “La Champions” frente al Manchester United. Este déjá vu no terminó en pesadilla gracias a Frank Lampard, quien más allá de acertar su cobro penal, encontró las palabras correctas para que “Los Blues” le dieran vuelta al infortunio.

La fortuna les dio el sí y le dio la espalda al Bayer Münich, pues tanto Ivica Olic como Bastian Schweinsteiger erraron el cuarto y quinto cobro, dejando la mesa puesta para que Drogba se colocara el traje de héroe, y en la quinta y última tanda, acertara el tiro con el cual el Chelsea levantó la única Champions League de su historia, hasta la fecha. La plantilla teutona se convirtió en el segundo equipo en perder una final de Champions en su propio estadio, 28 años después de la caída de La Roma en el Estadio Olímpico frente al Liverpool.

 

Real Madrid vs. Atlético Madrid

Marcador final 4-1

24 de mayo de 2014

Estadio Da Luz, Lisboa, Portugal

 Esta fue la primera final de Champions League que se discerniría entre dos equipos de la misma ciudad. Disputada en Lisboa, pero paralizando a toda Madrid, ciudad que experimentó una “guerra civil” con miles de trincheras convertidas en bares, plazas, hogares, etcétera. Más que la dicha de levantar “la Orejona”, se ponía en juego el honor de toda una metrópoli.

Tras el gol de Diego Godín, que puso adelante en el marcador a los colchoneros, éstos, en vez de seguir sumando unidades al frente, se replegaron en su portería, fiel al estilo impuesto por su estratega “El Cholo” Simeone. El conjunto merengue montó un verdadero asedio sobre la portería de Thibaut Courtois, en la búsqueda por romper el muro colchonero.

Durante casi una hora el Atlético Madrid aguantó estoicamente los empujes de su archirrival. Corrieron los 90 minutos reglamentarios y el cerrojo se mantenía. El Atlético, después de mucho naufragar, se encontraba a escasos metros de la superficie para, así, poder ganar su primera Champions League. Pero al 93, sobre reloj, todo se fue por la borda cuando Sergio Ramos empató el partido, obligando a la prórroga.

Un Atlético Madrid en estado de shock, perdió todo su espíritu de lucha característico, deambulando como un fantasma, volviéndose presa fácil del Real Madrid, que con las dianas de Gareth Bale, Marcelo y Cristiano Ronaldo, decretaron el 4-1 final. Un marcador que señala una goleada, pero que no reflejó lo ocurrido durante los 90 minutos iniciales. Estratega, jugadores y fanáticos colchoneros presentes esa trágica noche en Lisboa y también los que estaban en la Plaza de Cibeles en Madrid, abatidos, no conciliaron el sueño recordando que había tenido a “la Orejona” en sus manos y por errores, en cuestión de segundos, la habían dejado ir.