Joe Montana y el precio de la gloria

¿Qué no se ha dicho ya de la grandeza de Joe Montana? El brillo de su gloria es tan inmenso que sigue deslumbrando, incluso, a las nuevas generaciones que nunca lo vieron jugar. Los héroes crean leyendas y, a manera de tributo, a continuación encontrarás un relato imaginario que se centra en una de las elecciones decisivas que tuvo que tomar en su carrera.

Un personaje inventado, llamado “the passenger”, sirve de pretexto para hacer un recuento de las hazañas que llevaron a “Joe Cool” a ocupar el lugarque tendrá para siempre en la historia del futbol americano de la NFL..

26 de septiembre de 1986, Hospital ST Mary ´s, San Francisco, California. Ha pasado una semana desde que Joe Montana entró al quirófano para ser operado de una lesión en un disco espinal de la zona lumbar, producto del golpe recibido durante el partido inagural de la campaña de la NFL. En el consultorio del doctor Arthur White, cirujano a cargo de dicha intervención, lo espera el propio Montana, acompañado tanto de su madre, Theresa Marie Bavuso, como de su esposa, la ex modelo, Jennifer Wallace. Ambas mujeres están hechas un mar de lágrimas ante la precaria movilidad y salud del quarterback y líder de los 49ers. El llanto del dúo de magdalenas se interrumpe tan pronto entran al consultorio el doctor White y el resto de su equipo médico; tras un intento de saludo, el cirujano se presta a dar su diagnóstico postoperatorio.

 - Joe, seré breve y franco. Las radiografías muestran una lesión severa en tus vértebras, principalmente en las cervicales, a esto se debe el incesante dolor que tienes en el cuello; si continúas jugando y vuelves a recibir un severo golpe puedes causar una lesión medular que te deje para siempre fuera de las canchas. Pero eso es el menor daño, lo más severo es que podrías desarrollar problemas permanentes como una parálisis o hasta una cuadraplejia. Además, las lesiones que has sufrido en las rodillas han desgastado los cartílagos y existe una lesión sería en los meniscos. Lamento informarte que los traumatismos en las articulaciones de tu hombro y codo ya no son reversibles, principalmente del lado derecho. Asimismo, de no retirarte a tiempo, el desgaste será progresivo y provocarás una artrosis con la que vivirás el resto de tu días-, le advierte el doctor Arthur White, quien se encuentra flanqueado dentro del consultorio por sus colegas James Zuckerman, Robert Gamburd y Jeff Saal, considerados los mejores expertos en rehabilitación de la columna vertebral en La Bahía de San Francisco. Todos coinciden en que si Montana insiste en jugar, estaría loco.

 Los doctores y los familiares de Montana lo dejan a solas dentro del consultorio. Este al cerciorase que nadie más permanece en el lugar, se desploma emocionalmente al tener que confrontar la realidad. “Joe Cool”, en ese momento, dista de ser aquel quarterback que lucía relajado en los momentos más apremiantes de un partido. Por su cabeza rondan un sinfín de dudas y exasperado por no tener claro por cual camino optar, abre su cartera y saca una foto donde aparece en el jardín de su casa, en compañía de su primogénita, Alexander Whitney, de escasos seis meses de edad, y de su esposa, Jennifer Wallace, quien notoriamente estaba encinta de nueva cuenta. Si se retiraba, nadie lo podría criticar, el par de victorias en los Super Bowls XVI Y XIX le aseguraban su etiqueta de ganador, pero en caso de mantenerse activo podría quedar cuadripléjico ante la probabilidad de recibir los golpes de los defensivos rivales. “Debo hacer lo correcto”, piensa.

 

Un total extraño

 - ¿Hacer lo correcto? ¡Qué estupidez! Es el comportamiento más mundano y falto de compromiso que puede existir pero, bah, no debería sorprenderme. Hoy en día es la conducta imperante como sociedad que tenemos, nos creemos dueños y con derecho a todo; la cultura del mínimo esfuerzo: amamos el resultado, pero no el proceso para lograrlo-, indica un señor entre 60 y 65 años que entra, rompiendo el silencio de la sala y de Montana quien, extrañado, se cuestiona cómo este intruso dijo exactamente las palabras que rondaban en su pensamiento. 

-¿Es usted acaso algún tipo de charlatán que “presume” de habilidades para leer la mente ajena? Sí es así, le advierto que no obtendrá ningún beneficio a costa mía-, le indica “Joe Cool” a este misterioso personaje.

- Conservas el iracundo carácter, propio de tu ascendencia italiana, veo que eso es algo que nunca cambiará-, señala el intruso, al mismo tiempo que con suma dificultad en su andar, se acerca lentamente a Montana.

- Respondiendo a tu pregunta inicial, no soy ningún charlatán que presuma de leer la mente humana, solo soy “the passenger” una persona que sabe más de ti de lo que pudieras imaginar.

 -Esto despierta la alarma de Montana, quien cree su día no podía ser más caótico. Sospecha que algún loco burló la vigilancia del cuerpo de seguridad del hospital para llegar a él.

 – Compruebo que ha leído mi biografía por completo, eso explica que sepa acerca de la ascendencia italiana de mis padres, pero no interfiera en mi vida privada, ¿Qué es lo que quiere?-.

 - Uomo tranquillo, avere un diavolo per capello, afirma en italiano para después retomar el diálogo. -“Puedes estar tranquilo, no vengo a que me autografíes un balón o un jersey con tu nombre, como ridículamente te piden tus seguidores.

 -Entonces, si no es un fan y tampoco es un doctor ni enfermero del hospital, ¿qué hace aquí con sus clases de moralismo?

-.Montana no puede evitar carcajearse al encontrar que de por sí ya era cómico el mote de “the passenger”, a lo cual se sumaba la apariencia cansada y el fuerte aliento etílico, del personaje que se aparecía frente a él con ese discurso.

 - Como ya te diste cuenta, tengo un incontrolable gusto por la bebida, no hay justificación para mi vicio, mismo que ha cobrado factura en mi imagen desaliñada. Eso fue resultado de una mala elección que tomé en un momento crucial de mi vida; por eso estoy aquí, para que tú no cometas el mismo error que yo y del cual te arrepentirás toda tu vida. ¡No te retires!-.

 - ¿Qué gana con convencerme de no retirarme? Además, mi decisión ya está tomada, me retiraré-, afirma debilmente “Joe Cool” en un malogrado intento por ocultar la falta de convencimiento en sus palabras.

 - Solo te puedo decir que si decides seguir jugando, esa elección repercutirá directamente en mi vida-.

 
El enigmático intruso respira profundamente como si tratara de ordenar sus ideas antes de retomar el diálogo.

 - Nos pasamos la vida entera cumpliendo las expectativas de la gente, cuando solo debería importarnos agradarnos a nosotros mismos. El vaso lo llenamos de paramétros que nos impone la sociedad: a tal edad debes casarte, tener tantos hijos, tal posición económica. Si no aprobamos esa expectación ajena nos sentimos totalmente inservibles. Nos obligan a creer que necesitamos ser bonitos,famosos,ricos para ser felices, pero ¿dónde quedan nuestros propios sueños y la autenticidad?

 - ¿Y esto que tiene que ver conmigo?-, le cuestiona Montana.

 - ¡Todo! Te volviste un ídolo para la gente, no solo por tu capacidad de lanzar el balón, sino porque ven en ti a alguien que abrazó con todo y contra todos su sueño de llegar a jugar a la NFL. En ti aprecian el arrojo que ellos anhelan tener en muchos aspectos de sus vidas. Recuerda cuando nadie creía que tenías la capacidad de destacar en la NFL. No eras alto, ni fuerte y, mucho menos, rápido; inclusive, tus propios compañeros te llamaban “bird legs” porque tus piernas lucían sumamente frágiles. Pero supliste todas esas deficiencias con un ímpetu tan grande por trascender, que te volviste líder. Ahora posees dos anillos de Super Bowl con San Francisco, el último, recuérdalo, por encima del amplio favorito, Dan Marino y sus Delfines de Miami.

 - Sí, pero ahora estoy acabado, acumulo varias lesiones, mis rodillas cada vez están más maltrechas. Inclusive, esta operación de espalda no ha evolucionado del todo bien. Me da miedo continuar y sufrir un percance más grave dentro del terreno de juego, dejando vulnerable a mi familia-, le responde Montana con desesperanza.

 - ¡De cuántas cosas nos limitamos por el miedo a perder! Nos da miedo amar por el riesgo de salir heridos, nos quedamos años en una zona de confort por el miedo al cambio. No te escudes en el “bienestar de la familia” para ocultar que te da miedo no poder mantenerte en la cima. Sabes bien que si te retiras, te arrepentirás toda tu vida.

 “El si hubiera hecho” cala hasta lo más hondo del ser de Montana. De pronto “ The Comeback Kid” se da cuenta de que ha dejado de ver con fastidio a “the passenger” y ahora lo mira con afinidad y cariño, como si lo conociera de toda la vida, mientras piensa: “¿quién es este señor que ha logrado desnudar mi alma y poner en orden las ideas que no me atrevía a reacomodar?”.

 “The passenger” observa de reojo las manecillas del reloj que se encuentra a un lado del pasillo de la sala y se percata de que le queda poco tiempo:

 -Te has caracterizado por el número de remontadas que han terminado por otorgarle épicas victorias a tus equipos. ¿Ya olvidaste el Cotton Bowl de 1979? fue una noche formidable. Con un frío que calaba hasta los huesos, regresaste al terreno de juego después de ausentarte por varios minutos a causa de hipotermia, pero no te rendiste. Con 7:37 minutos por jugar, y con un 34-12 adverso, tiraste tres pases de touchdown y dos conversiones de dos puntos para revertir el marcador y conducir a Los Irlandeses Peleadores de Notre Dame a una victoria 35-34 frente a Houston. En lo particular, prefiero el enfrentamiento ante los Santos de Nueva Orleans de Archie Manning. Al término de la primera mitad, los 49ers iban abajo 35-7, la única consigna tras la pausa de los 15 minutos era hacer más decoroso el marcador. Tú, como buen líder, elevaste la decaída moral de tus compañeros y con dos pases de anotación, un quarterback sneak y una anotación por tierra de Lenvil Elliott los condujiste a empatar el partido. Ya en la prórroga, te colgaste el traje de héroe al liderar el drive que llevó al gol de campo de Ray Wersching, para gestar la mayor remontada de la historia de la NFL en temporada regular con 28 puntos.

Cada palabra de este recuento narrado por “the passenger” logró erizar por completo la piel de “Joe Cool”, quien revivió la adrenalina de cada una de esas acciones, como si estuviera de nuevo en el campo. A su mente regresó el nerviosismo de los minutos faltantes en el reloj y tener que ejecutar, sin margen de error, una jugada tras otra; avanzar decenas de yardas en cuestión de segundos, pero sobretodo la dulce y adictiva miel de cada una de estas victorias.

 - No es algo que no hayas hecho, pero ahora te toca comandar la remontada más grande a la que te enfrentarás… ¡la de tu propia vida! Estás por disputar un partido contra ti mismo, tendrás que vencer una vez más a la adversidad y agrandar tu legado. Mi querido amigo, quiero te quede claro que no puedes poner los pies en el suelo sin antes haber tocado el cielo - concluye “ the passenger” esbozando una sonrisa en su ávido oyente.

 - Bueno, cumplido mi objetivo, es momento de irme, me dicen que en el bar situado a unas cuantas cuadras de este hospital sirven el mejor ron cubano de la ciudad, iré a comprobarlo- así se despide “the passenger” de Joe Montana, quien ante esta inesperado adiós, alcanza a cuestionarle:

- ¿Me dirás tu verdadero nombre? Venga, hombre, que pese a todo me has caído bien. Quédate otro rato para seguir platicando de futbol americano-, añade, percatándose del nulo éxito de su invitación.

 - Para saber mi verdadera identidad, tendrás que recapitular desde el comienzo de tu existencia. Siempre te he acompañado, nos volveremos a ver. Hasta pronto, el balón ahora está de tu lado-, dice “the passenger”. Al recobrar la noción se asoma por el pasillo en busca de “the passenger”, pero, para su sorpresa, este personaje ha desaparecido del lugar en un abrir y cerrar de ojos.

 

De regreso a la cima: el mágico año de 1988

Tras el encuentro con “the passenger”, Joe Montana tardó tan solo siete semanas en recuperarse de su operación de espalda, un hecho que hasta los más incrédulos doctores tacharon de milagroso. Para Montana fue un acto de fuerza de voluntad. Las temporadas de 1986 y 1987 retaron la perseverancia del oriundo de New Eagle, Pennsilyvania, al seguir siendo presa de las lesiones, al grado de que en la ronda de comodines de 1986 abandonó el partido antes de la primera mitad, tras una conmoción cerebral. Ese día se gestó la escandalosa derrota de los 49ers de San Francisco 49- 3 frente a Los Gigantes de Nueva York. Para 1987 el panorama se recrudeció con la llegada como mariscal de campo suplente de Steve Young, convirtiéndose, desde esa fecha, en una gran amenaza de la titularidad para Montana. Eso comenzó el agrietamiento del vestuario de los gambusinos, ya que las filas se dividieron en un bando fiel a Montana y otro a Young. No obstante, San Francisco terminó la temporada con la mejor marca de la liga con 13-2, pero resultó ser un espejismo al perder en playoffs 36-24 frente a Los Vikingos de Minnesota, en uno de los peores partidos que se recuerden de “Joe Cool”, al grado de ser sustituido por Steve Young en la segunda mitad.

 Una gota de agua agrieta la piedra, no por su fuerza, sino por su perseverancia, por lo cual, la temporada de 1988 representó la luz al final del túnel para “the comeback kid”. Tras una pésima actuación en la derrota por 9-3 frente a Los Raiders de Oakland, más a base de pundonor que de talento, a partir de ese instante rectificó el camino. Durante 37 partidos (1988-1990) sostuvo un nivel de excelencia jamás visto para un quarterback en la historia de la NFL. Sus destacados números durante ese periodo incluyen 34 victorias por tan solo 3 derrotas, 275 yardas de promedio por partido, 66.9% de sus pases completados, 74 touchdowns por tan solo 21 intercepciones, para un índice de pasador de 108.7. Asimismo, a lo largo de seis partidos de postemporada, tuvo un balance de 19 touchdowns y 11 intercepciones, sumando los dos últimos de sus cuatro Super Bowls ganados como profesional.

 

“The Drive” 

El doctorado con mención honorífica que para muchos situó a Joseph Clifford Montana como el mejor quarterback a lo largo de los cien años de historia de la NFL, sucedió en el Super Bowl XXIII, efectuado el 22 de enero de 1989 en Miami, Florida. Fue denominada “The Drive” y es la serie ofensiva más famosa del futbol americano, que ha sido relatada de generación en generación. Ahí se demostró el liderazgo, temple, manejo del reloj y precisión de brazo del mítico dorsal 16 de los gambusinos. Ese instante se gestó de la siguiente manera:

 

Bill Walsh, entrenador en jefe de Los 49ers de San Francisco, maldice por los escasos tres minutos restantes por jugar que indica el marcador dentro del Joe Robbie Stadium. El pesimismo es evidente, su equipo se encuentra 16-13 abajo en el último cuarto frente a los Bengalíes de Cincinnati y solo un milagro los ayudaría a revertir el score. Sin esa ayuda celestial, Walsh sabe que tiene que dejar todo en las manos de Joe Montana, a quien a principios de temporada intentó traspasar.

 

- Joe, no es un secreto que no somos amigos, pero te pido salgas al terreno de juego y ejecutes esa magia que solo tú puedes lograr-, le suplica Walsh a Montana, quien se limita a decir:

– Tranquilo, Bill, será como un día más en la oficina-, acto seguido, se coloca el casco y salta al emparrillado.

Con el balón colocado dentro de la propia yarda ocho de San Francisco, “Joe Cool” hace gala de este apodo, y con tremenda desfachatez, durante la reunión previa a sacar la primer jugada de dicha serie ofensiva, le comenta a sus compañeros:

 “Chicos, miren a la tribuna, ¿ese no es John Candy?”. Eso disipa la tensión de sus compañeros y desata las risas del grupo.

 

A continuación, en tan solo once jugadas, los gambusinos recorren 92 yardas hasta la zona de anotación de Cincinnati. Con menos de 45 segundos en el reloj, el corazón de medio mundo se paralizó en la última jugada del drive. Para sorpresa de todos, en una genialidad táctica dictada por Bill Walsh, Montana, en vez de lanzarle el ovoide a su principal receptor, y a la postre MVP de dicho Super Bowl, Jerry Rice, lo coloca en las manos de John Taylor, quien pese a no haber atrapado un solo pase esa noche, no deja escapar el ovoide y en una espectacular recepción dentro de la zona de anotación consigue la victoria por 20- 16.

 

Montana abraza eufórico a sus compañeros y entre el mar de gente que hay en la cancha, alcanza a divisar a lo lejos a “the passenger”. Se da cuenta de que ya no lleva la apariencia desaliñada y los gestos cansados con la cual se le presentó aquella vez. En cambio, luce impecable con un traje y sombrero de lino, al estilo italiano. Un reportero, deseosos de entrevistarlo lo hace voltear y cuando regresa su mirada a su “extraño amigo”, èste, al igual que en el hospital, se ha esfumado. No así las estadísticas de Montana durante este Super Bowl que quedarán para la posteridad como avistamiento de su grandeza al acumular un total de 375 yardas por aire y 23 pases completos.


Epílogo. Asumir las consecuencias de nuestras decisiones

19 de abril de 1995, San Francisco, California. Ante una abarrotada conferencia de prensa, Joe Montana se coloca frente a los micrófonos y toma la palabra:

 - Amigos periodistas, los cité para informarles que después de 16 temporadas de carrera en la NFL, vistiendo tanto los colores de mis amados 49ers de San Francisco, como de Los Jefes de Kansas City y tras mucho pensar.... ha llegado la hora de retirarme-, señala con la voz entrecortada.

- Me retiro en paz de este hermoso deporte que desde niño se volvió mi pasión, y que pese a todas las severas lesiones que padecí, me brindó la oportunidad de ganar cuatro Super Bowls. Gracias por su asistencia-. Dicho esto, el dos veces MVP de temporada regular, da por concluida la rueda de prensa, levantándose de la mesa para enfilar hacia la puerta, no sin antes ser abordado por un centenar de preguntas por parte de los medios de comunicación.

Una hora después y ya alojado cómodamente en la lujosa suite presidencial de su hotel, escucha que tocan a su puerta. Joe supone que se trata de su esposa e hijos que vienen hacerle compañía, pero al ver por la mirilla descubre que no son ellos sino
“ the passenger”, a quien le abre la puerta de inmediato.

- Bueno, ¿nos vamos a quedar mirándonos toda la tarde o serás tan amable de dejarme pasar?-, dice “the passenger” con su característica elocuencia y franqueza.
 
- Claro, adelante-, le responde “Joe Cool” quien al cederle el paso a su invitado, nota que la dificultad para caminar de èste se ha agravado. Fiel a su carácter, “the passenger” no pierde el tiempo en rodeos y toma la batuta de la conversación
 
- Alguna vez me interrogaste acerca de mi verdadera identidad, hoy ha llegado el momento de revelártela-, dice, sacando su mano izquierda del bolsillo, misma que, adrede, había escondido dentro de su gabardina al momento de saludar a Montana. En cuatro dedos de su palma luce, radiantes, el mismo número de anillos de Super Bowl, cada uno tiene incrustadas, en fina pedrería, los números romanos XVI, XIX,XXIII y XXIV con el apellido de Montana grabado a un costado. ¡”The passenger” es el propio Joe Montana del futuro!
 
El “Joe Cool” del presente por poco se va de bruces sobre la alfombra de la habitación, impactado ante la revelación de su invitado. Como un balde de agua fría, ciertos pasajes de su primer encuentro lo dejan helado: “Soy ‘the passenger’ una persona que sabe más de ti de lo que pudieras imaginar”, “Solo te puedo decir que si sigues jugando, eso directamente repercutirá en mi vida”, “Para saber mi verdadera identidad, tendrás que recapitular desde el comienzo de tu existencia, siempre te he acompañado”.
Montana recobra el dominio de sí mismo y se funde en un cálido abrazo con su propio yo, quien le responde con un beso en la frente, para sentarse de inmediato en una de las sillas contiguas, inducido por el severo dolor de sus rodillas.
 
- El pasado, el presente y el futuro, son uno solo y están estrechamente ligados. yo soy tú y tú eres yo, lo que haga cada uno afectará irremediablemente al otro, está de más explicarte cómo logré regresar a nuestro pasado y llegar a ti. En lo que quiero centrarme es en el momento en que comenzó todo esto: el día del diagnóstico en contra que nos dictó el doctor.
 
En aquel entonces yo, en primera instancia, cegado por el miedo, opté por el retiro, escudado en la supuesta preocupación por el futuro de mi familia. Pero tras esa postura, me fui denigrando como persona, encontrando en el alcohol el mejor refugio para no afrontar esa realidad. No obstante, la benevolencia de la vida, me presentó la oportunidad de cambiar mi destino, nuestro destino, y regresar a ti, el Montana de ese presente, para que tomaras la otra ruta que yo no había elegido, para labrarnos un mejor futuro-.
 

- Pues debo agradecerte por haber logrado un mejor destino para los dos. Al parecer todo salió a pedir de boca-, le confiesa “Joe Cool” a “the passenger.”

  - No tanto como crees, el hombre está empecinado en que todo o es blanco o negro, correcto o incorrecto, cuando la vida no sería tan formidable como lo es sin sus matices. Toda decisión tiene tanto su parte buena como mala y solo nos queda afrontar las consecuencias de nuestras elecciones, día a día. La vida se trata de una constante toma de decisiones que nos llevarán por distintos caminos.

 - En nuestro caso, estábamos conscientes de las secuelas que podría dejarnos el hecho de decidir continuar jugando en la NFL, mismas que en un futuro, del cual quiero advertirte, padecerás: artrosis por el resto de tu vida, lo cual explica la rigidez y molestia de tus rodillas al caminar. Además de una lesión permanente en las vértebras cervicales que provocará incesantes dolores en tu cuello. Todas estas anomalías, lastimosamente, afectarán la calidad de vida que puedas brindarle a tus seres queridos, por lo cual hacer actividades tan simples y que tanto amas como jugar basquetbol con tus hijos y tu esposa serán imposibles.

 
Tras un largo silencio sepulcral en la lujosa suite, Montana, con el gesto adusto, le cuestiona a su interlocutor:

 - ¿Este es el precio que hay que pagar por la gloria?-, a lo que “the passenger” responde sin siquiera pestañear:

 - Sí, es lo que tendrás que pagar a cambio de ser recordado como uno de los dos mejores quarterbacks de todos los tiempos. Pero, demonios, ambos lo sabemos…

“¡Valió cada maldito segundo!”, responden y ríen al mismo tiempo. Dicho esto, “the passenger” se prepara para despedirse.
 
- Mi querido amigo, nuestra misión se ha completado, por lo cual más que apetecerme un trago de un buen ron cubano del bar de este hotel, prefiero ir a supervisar la producción del vino que produzco bajo la etiqueta de “Montagia”. De nuevo el balón está de tu lado “ Joe Cool”-. 
 
“The passenger” sale con cierta torpeza de la habitación y del hotel, alejándose bajo la complicidad de la luna que ilumina la noche en la Bahía de San Francisco.